Columna Periódico La Campana Julio de 2007

Un Costo Alto

Hay un costo muy alto en la forma como se está haciendo política con el tema del conflicto armado en este país. Este costo se evidencia en la radicalización de las posiciones, en la falta de mesura de las mismas, en la vehemencia de los clamores y las indignaciones, en la falta de proporción de las ideas y en los exabruptos del lenguaje.

El lamentable hecho del asesinato de los diputados secuestrados cometido por las FARC sin lugar a dudas ha dejado a la sociedad colombiana más enquistada que nunca en las narrativas de la guerra, las cuales parecieran pasar casi inadvertidamente de los gritos vehementes por la solución militar absoluta, a la fiebre pacifista de una marcha o de un discurso, dándose una suerte de círculo vicioso entre estas dos posiciones, producto a su vez de las frustraciones que deja cada una de ellas. La radicalización de las posiciones es evidente. La propaganda pacifista marcha orgullosa de su propia indignación mientras inadvertidamente deja de descalificar los actos delincuenciales de la guerrilla y sus abusos del poder que detenta mediante el ejercicio de las armas, pidiendo a gritos un intercambio humanitario y calificando como inhumanos a todos quienes con razones válidas dudan de la posibilidad del mismo. Interesante ver cómo la sociedad pareciese dividirse de sus propios intereses sólo por aparentar una congruencia poco argumentada cuando ve en el ejército y en el gobierno a un enemigo de la paz. Con ese concepto vacío y confuso que hoy en día tenemos sobre una paz que pareciera querer construirse sin ningún esfuerzo y sin mejorar los problemas estructurales de nuestra sociedad, como lo son el clientelismo, la corrupción, la pobreza y todas las manifestaciones de la violencia. Sin lugar a dudas los cuestionamientos a las relaciones entre entidades del Estado, y el surgimiento y coptación del mismo por parte del paramilitarismo son necesarios, pero caer en la fiebre maniquea de confundir una cosa con la otra es un exabrupto que nos aleja cada vez más de la verdadera reconciliación.

Pero si la propaganda pacifista puede llegar a desconcertar por su vehemencia y ridiculez, los gritos iracundos y las inconscientes complacencias con lo acontecido de quienes quieren seguir centrando los problemas de este país en la acción de la guerrilla también son igual de preocupantes. Lamentablemente la acción de la guerrilla nos está hundiendo más en nuestra propia tragedia de creer que el primer candidato guerrero y gritón que se atraviese es la mejor opción, sin interesarnos si es realmente un político ajeno a las prácticas clientelistas, si es un buen administrador público y no un repartidor de recursos a cambio de favores políticos, si tiene realmente claros los problemas estructurales del país, porque la violencia no es un capricho de algunos “facinerosos”, mientras se minimizan los abusos de otros que también han masacrado a miles de personas. Es que el costo más alto está en que debido a la intensidad de los actos violentos la sociedad colombiana se vuelve sorda ante los argumentos y ante las verdaderas posibilidades de transformación del país, y por esto vemos a los mediocres figurando tanto en el ejecutivo como en el congreso.

Comentarios

Hola Juan Francisco:

Buena Columna. Sería interesante que La Campana tuviera un sitio web online. Al fin y al cabo, el hosting por un año no es costoso, hay planes suficientes desde $100.000 al año.

De otro lado, y para seguir con el tema de la columna, creo que es muy interesante y cierto el punto de la antagonía entre los pacifistas y los iracundos. Esto es peligroso, además muestra, hasta ahora, la incapacidad de nuestra democracia para llegar a un consenso de cabeza fría, que no le caería nada mal a este país.

Y creo, no sólo a Colombia, a todo el mundo. De eso hablaba con un profesor gringo (liberal en el sentido anglosajón, es decir, socialista) de intercambio en mi colegio. Llegamos a la conclusión, de que el mundo podría ser mejor, más pacífico y menos violento, si todos fueramos más moderados al expresarnos y al pensar. Siendo humanos es fácil hacerse radical, pero en la persuasión de la moderación, es donde está el secreto (y el porqué) de llamarnos seres racionales. Sería bueno, que todos nos comportaramos como seres racionales.

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