El tiempo sin mente
Alexis, en soliloquio.
Te extrañe, con obsesivo y delirante empeño. Pero sin llegar a estar loco, dije tu nombre una y otra vez, sin estar loco, me imagine que tal vez podíamos vivir juntos por siempre. Ayer, no sé qué hice ayer. Seguramente te extrañe también. Pero por qué, tal vez sea lo menos importante.
Hoy es un día soleado, de los días soleados que tanto nos gustan. Si, digo nos, porque estoy seguro que a ti también. Los primeros días de marzo han sido soleados, pero los últimos días, eso estará por verse. Hoy me tienes contigo, me tienes en plenitud por ti. Lástima que no lo sepas. Lástima que no lo leas. Pero en un día soleado me tuviste pensando en ti. Podría decir mil cosas hoy, escribir cientos de cartas a ti, a Dios, a todos. Pero nunca sabría con seguridad qué es lo que pienso. Por eso ya no escribo.
Luisa, en la mañana.
Desempolvar, aspirar, trapiar, lavar. Inicia el día. Si bien antes, levantarse. Luisa mira el reloj. La hora de afrontar un nuevo día ha llegado. Irremediable, insustituible, imparable. El nuevo día pareciera tener más certidumbre que su propia existencia. Porque la vida hay que vivirla, pero los días, los días ni siquiera necesitan esfuerzo, pensaba Luisa. Si, la rutina matutina parece tener un sabor agridulce, concluía. Por un lado, te haces promesas. El aire de las mañanas pareciera llenarte de ilusiones. Pero por otro lado, siempre se siente el implacable paso del tiempo. Un tiempo extraño, misterioso en ocasiones. El tiempo de las mañanas puede llegar a ser doloroso porque es el tiempo en el cual más te confrontas, sí, eso es, se decía Luisa. Es el momento más enérgico y nervioso del día. Las labores continuaban, mientras los pensamientos de Luisa se diluían con el aceite de cocinar con el cual preparaba el desayuno. Eso era lo que pasaba siempre. Las labores terminaban pensando por ella. Pero la hora de partida no esperaba. Había que salir, no por querer o desearlo, simplemente había que hacerlo, fin.
Escrito de Roberto.
Time out of mind dice un album de Bob Dylan. Poeta errante, incomprendido por una generación que lo proclamó como su profeta, siendo que él apenas se sentía como el residuo de tiempos pasados, tiempos mejores. Tiempos sin promesas delirantes, sin búsquedas de autorealización o perfección. Tiempos pasados en los que solo importaba sobrevivir, a la naturaleza, al hombre… pero errores no había, solo oportunidades, retos, dificultades y esperanzas. El tiempo sin mente, o fuera de la mente, es el tiempo en que Bob silba una de esas tonadas viejas que tanto lo han inspirado, mientras camina, junto al sol. El tiempo es eso que pasa entre un amor y otro. Es lo que nos convence sobre nosotros mismos, más que cualquier cosa que podamos afirmar o negar. El tiempo es en últimas lo que siempre nos queda. Lo que siempre le queda a Bob, porque él ya ni sabe qué pasa en su mente, solo sabe que el tiempo es implacable, con sus amores, con sus pesares, con todo.
Carmen y Rafael
La relación de Carmen y Rafael ya había terminado hace un año. Pelearon por última vez un mes antes de la ruptura. Curiosamente, el último día que se vieron fue aparentemente como cualquier otro. Dejar de verse fue algo que pudieron hacer cuando dejo de ser un imperativo. Simplemente ya no había caso. No había forma que la pelea prometiera algo agradable, que el tiempo curara aquello que no se ajustaba más a sus designios. Sin embargo, durante tres años parecieron felices. Sí, discutían, pero no tanto como para no sentir cada momento juntos como el último. O tal vez, sentían momentos sin tiempo. Por eso a Rafael siempre se le hacía tarde para ir al trabajo, y por eso Carmen siempre olvidaba ir los domingos donde su mamá. Pero, curiosamente, ese tiempo que pasaron juntos, es ahora el que los ha separado… el que les ha permitido olvidar… encontrar a otras personas que habían estado por ahí esperando el momento de verlos y conocerlos.
Time out of my mind
Un sueño, eso creo, veo que están juntos, ¿quiénes son?, no importa, pero no lo soñé, lo estoy pensando, debo levantarme, ¿ya es hora de levantarme?, creo que lo es, me duele el cuerpo, ¿tengo hambre?, ¿me lo pregunte?, no estoy seguro, creo que debo ir hoy, ¿lo imagine?, no, no lo hice, lo dije, ¿para qué lo dije?, si no voy me voy a desesperar, ¿en serio pasara eso hoy?, pero no vi la hora, a ver, ya la vi, debo levantarme, eso es, es tiempo. ¿Pero a qué horas se pasó media hora? ¿Cuánto tiempo me queda para salir?
Dios habla
Hace catorce billones de años, comenzó.
Alexis, en soliloquio.
Te extrañe, con obsesivo y delirante empeño. Pero sin llegar a estar loco, dije tu nombre una y otra vez, sin estar loco, me imagine que tal vez podíamos vivir juntos por siempre. Ayer, no sé qué hice ayer. Seguramente te extrañe también. Pero por qué, tal vez sea lo menos importante.
Hoy es un día soleado, de los días soleados que tanto nos gustan. Si, digo nos, porque estoy seguro que a ti también. Los primeros días de marzo han sido soleados, pero los últimos días, eso estará por verse. Hoy me tienes contigo, me tienes en plenitud por ti. Lástima que no lo sepas. Lástima que no lo leas. Pero en un día soleado me tuviste pensando en ti. Podría decir mil cosas hoy, escribir cientos de cartas a ti, a Dios, a todos. Pero nunca sabría con seguridad qué es lo que pienso. Por eso ya no escribo.
Luisa, en la mañana.
Desempolvar, aspirar, trapiar, lavar. Inicia el día. Si bien antes, levantarse. Luisa mira el reloj. La hora de afrontar un nuevo día ha llegado. Irremediable, insustituible, imparable. El nuevo día pareciera tener más certidumbre que su propia existencia. Porque la vida hay que vivirla, pero los días, los días ni siquiera necesitan esfuerzo, pensaba Luisa. Si, la rutina matutina parece tener un sabor agridulce, concluía. Por un lado, te haces promesas. El aire de las mañanas pareciera llenarte de ilusiones. Pero por otro lado, siempre se siente el implacable paso del tiempo. Un tiempo extraño, misterioso en ocasiones. El tiempo de las mañanas puede llegar a ser doloroso porque es el tiempo en el cual más te confrontas, sí, eso es, se decía Luisa. Es el momento más enérgico y nervioso del día. Las labores continuaban, mientras los pensamientos de Luisa se diluían con el aceite de cocinar con el cual preparaba el desayuno. Eso era lo que pasaba siempre. Las labores terminaban pensando por ella. Pero la hora de partida no esperaba. Había que salir, no por querer o desearlo, simplemente había que hacerlo, fin.
Escrito de Roberto.
Time out of mind dice un album de Bob Dylan. Poeta errante, incomprendido por una generación que lo proclamó como su profeta, siendo que él apenas se sentía como el residuo de tiempos pasados, tiempos mejores. Tiempos sin promesas delirantes, sin búsquedas de autorealización o perfección. Tiempos pasados en los que solo importaba sobrevivir, a la naturaleza, al hombre… pero errores no había, solo oportunidades, retos, dificultades y esperanzas. El tiempo sin mente, o fuera de la mente, es el tiempo en que Bob silba una de esas tonadas viejas que tanto lo han inspirado, mientras camina, junto al sol. El tiempo es eso que pasa entre un amor y otro. Es lo que nos convence sobre nosotros mismos, más que cualquier cosa que podamos afirmar o negar. El tiempo es en últimas lo que siempre nos queda. Lo que siempre le queda a Bob, porque él ya ni sabe qué pasa en su mente, solo sabe que el tiempo es implacable, con sus amores, con sus pesares, con todo.
Carmen y Rafael
La relación de Carmen y Rafael ya había terminado hace un año. Pelearon por última vez un mes antes de la ruptura. Curiosamente, el último día que se vieron fue aparentemente como cualquier otro. Dejar de verse fue algo que pudieron hacer cuando dejo de ser un imperativo. Simplemente ya no había caso. No había forma que la pelea prometiera algo agradable, que el tiempo curara aquello que no se ajustaba más a sus designios. Sin embargo, durante tres años parecieron felices. Sí, discutían, pero no tanto como para no sentir cada momento juntos como el último. O tal vez, sentían momentos sin tiempo. Por eso a Rafael siempre se le hacía tarde para ir al trabajo, y por eso Carmen siempre olvidaba ir los domingos donde su mamá. Pero, curiosamente, ese tiempo que pasaron juntos, es ahora el que los ha separado… el que les ha permitido olvidar… encontrar a otras personas que habían estado por ahí esperando el momento de verlos y conocerlos.
Time out of my mind
Un sueño, eso creo, veo que están juntos, ¿quiénes son?, no importa, pero no lo soñé, lo estoy pensando, debo levantarme, ¿ya es hora de levantarme?, creo que lo es, me duele el cuerpo, ¿tengo hambre?, ¿me lo pregunte?, no estoy seguro, creo que debo ir hoy, ¿lo imagine?, no, no lo hice, lo dije, ¿para qué lo dije?, si no voy me voy a desesperar, ¿en serio pasara eso hoy?, pero no vi la hora, a ver, ya la vi, debo levantarme, eso es, es tiempo. ¿Pero a qué horas se pasó media hora? ¿Cuánto tiempo me queda para salir?
Dios habla
Hace catorce billones de años, comenzó.
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