Soluciones Arbitrarias
Soluciones Arbitrarias
Juan F Muñoz
Antanas Mockus había afirmado que la guerrilla, dependiendo de sus intenciones o intereses en juego, ejerce una acción deliberada de condicionamiento virtual sobre los familiares de los secuestrados y sobre el estado colombiano responsable por los mismos. Este tipo de proceder arbitrario es digno de una violencia que pareciera operar más por la complacencia con los medios maquiavélicos de un grupo alienado de personas, que por una acción legítima de búsqueda de cumplimiento de alguna necesidad, o incluso, ni siquiera parece ya una acción digna de un agresor con propósito alguno. En los últimos días hemos visto acciones que bien podrían también ser consideradas como arbitrarias, si bien no de la naturaleza de las llevadas a cabo por las Farc. Los hechos acontecidos desde la muerte de alias Raúl Reyes han oscurecido el panorama político exterior de Colombia, tanto así que llegamos a considerar la posibilidad de una confrontación militar con el país de Ecuador. Sin embargo, el ejercicio de una diplomacia llena de tropicalismos e improvisaciones parece haber calmado los ánimos exaltados y los ímpetus de patriotismo de Ecuador y Colombia, y por qué no decir, de Venezuela también. Una primera arbitrariedad se dio en el proceder del Presidente Correa y del Presidente Chávez, quienes han estado empleando medios irregulares para ejercer influencia en la política exterior en América Latina. Si bien todavía no podemos asegurar que exista un proyecto de expansión del dominio del Presidente Chávez, sí podemos dejar en entredicho las intenciones del presidente venezolano y sus homólogos de Ecuador y Nicaraga. Sin embargo, creo que esta situación es más compleja de lo que parece, cuando vemos que ellos mismos legitiman el proceder de las Farc, viéndolo con el mismo lente revolucionario que han atribuido a sus propios gobiernos y a sus causas. Es decir, que en este proceder pareciera haber no solo acciones deliberadas, sino también mucho de ideología e inexactitud en la conducta de los mandatarios. Una segunda arbitrariedad se ha presentado desde hace décadas, pero pareciera haberse intensificado en los gobiernos del Presidente Uribe. Esta se ha visto en el manejo improvisado y poco profesional de las relaciones exteriores. Pareciera ser que el Presidente colombiano pensara que las embajadas solo sirven como premios clientelistas a las personas que lo han apoyado electoralmente, o que la política exterior es algo que él puede definir de cuando en cuando, cada vez que surge una coyuntura. Pero el mantenimiento a largo plazo de políticas exteriores independientes al gobierno y llevadas a cabo por personas profesionales en el tema parece no ser una urgencia para el gobierno Uribe. La des-institucionalización constante de la cancillería y las embajadas pareciera ser vista como un precio justo al mantenimiento de algunas prioridades en política interna del Uribismo. Es curioso porque este fenómeno pareciera presentarse también en materia económica y de inversión social. Y por último, hemos visto una tercera arbitrariedad en el desarrollo de la política de recompensas a informantes, la cual ha tenido su ejemplo más dramático en el premio que piensa darse a alias Rojas, quien por asesinar a un jefe guerrillero ahora va a recibir dádivas. En el afán por demostrar el fin de las Farc el gobierno colombiano podría estar financiando la violencia narco-para-guerrillera de los futuros capos del narcotráfico a través de recompensas. Es claro que las arbitrariedades son de lado y lado, pero la violencia que es mantenida por las mismas es una sola, y pareciera ser siempre escurridiza a cualquier intento arbitrario por controlarla.
Juan F Muñoz
Antanas Mockus había afirmado que la guerrilla, dependiendo de sus intenciones o intereses en juego, ejerce una acción deliberada de condicionamiento virtual sobre los familiares de los secuestrados y sobre el estado colombiano responsable por los mismos. Este tipo de proceder arbitrario es digno de una violencia que pareciera operar más por la complacencia con los medios maquiavélicos de un grupo alienado de personas, que por una acción legítima de búsqueda de cumplimiento de alguna necesidad, o incluso, ni siquiera parece ya una acción digna de un agresor con propósito alguno. En los últimos días hemos visto acciones que bien podrían también ser consideradas como arbitrarias, si bien no de la naturaleza de las llevadas a cabo por las Farc. Los hechos acontecidos desde la muerte de alias Raúl Reyes han oscurecido el panorama político exterior de Colombia, tanto así que llegamos a considerar la posibilidad de una confrontación militar con el país de Ecuador. Sin embargo, el ejercicio de una diplomacia llena de tropicalismos e improvisaciones parece haber calmado los ánimos exaltados y los ímpetus de patriotismo de Ecuador y Colombia, y por qué no decir, de Venezuela también. Una primera arbitrariedad se dio en el proceder del Presidente Correa y del Presidente Chávez, quienes han estado empleando medios irregulares para ejercer influencia en la política exterior en América Latina. Si bien todavía no podemos asegurar que exista un proyecto de expansión del dominio del Presidente Chávez, sí podemos dejar en entredicho las intenciones del presidente venezolano y sus homólogos de Ecuador y Nicaraga. Sin embargo, creo que esta situación es más compleja de lo que parece, cuando vemos que ellos mismos legitiman el proceder de las Farc, viéndolo con el mismo lente revolucionario que han atribuido a sus propios gobiernos y a sus causas. Es decir, que en este proceder pareciera haber no solo acciones deliberadas, sino también mucho de ideología e inexactitud en la conducta de los mandatarios. Una segunda arbitrariedad se ha presentado desde hace décadas, pero pareciera haberse intensificado en los gobiernos del Presidente Uribe. Esta se ha visto en el manejo improvisado y poco profesional de las relaciones exteriores. Pareciera ser que el Presidente colombiano pensara que las embajadas solo sirven como premios clientelistas a las personas que lo han apoyado electoralmente, o que la política exterior es algo que él puede definir de cuando en cuando, cada vez que surge una coyuntura. Pero el mantenimiento a largo plazo de políticas exteriores independientes al gobierno y llevadas a cabo por personas profesionales en el tema parece no ser una urgencia para el gobierno Uribe. La des-institucionalización constante de la cancillería y las embajadas pareciera ser vista como un precio justo al mantenimiento de algunas prioridades en política interna del Uribismo. Es curioso porque este fenómeno pareciera presentarse también en materia económica y de inversión social. Y por último, hemos visto una tercera arbitrariedad en el desarrollo de la política de recompensas a informantes, la cual ha tenido su ejemplo más dramático en el premio que piensa darse a alias Rojas, quien por asesinar a un jefe guerrillero ahora va a recibir dádivas. En el afán por demostrar el fin de las Farc el gobierno colombiano podría estar financiando la violencia narco-para-guerrillera de los futuros capos del narcotráfico a través de recompensas. Es claro que las arbitrariedades son de lado y lado, pero la violencia que es mantenida por las mismas es una sola, y pareciera ser siempre escurridiza a cualquier intento arbitrario por controlarla.
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