columna de abril

¿Son las reformas políticas propuestas suficientes para dar legitimidad al congreso?

Juan F Muñoz

En los últimos días se han presentado iniciativas para reformar el congreso, debido a su ilegitimidad. Esta idea de reforma parte de las mismas suposiciones erradas que se ha tenido antes sobre las causas de la corrupción y la violencia en Colombia. Por esto, comenten el error de siempre. Juzgar al político individual, y dejar pasar las condiciones económicas y sociales que generan el clientelismo armado. Que alimentan al congreso de para-políticos.
Alejandro Gaviria expuso en su columna de esta semana otra visión, que parece ser un tanto más acertada. Comenta que la política no se reforma mediante reformas exclusivamente políticas. La para-política, en su naturaleza, no es un fenómeno político o ideológico. Es simplemente un sistema sofisticado de corrupción y clientelismo encargado de apropiarse de las rentas estatales, como lo son los dineros de las regalías y de la salud. Lo que mantuvo el proceder de los congresistas involucrados fueron los incentivos económicos que encontraron. Puede ser que en Colombia existan algunos factores que protegen al estado de caer en los niveles de corrupción presentes en otros países de Latinoamérica, tales como el que el gobierno no controla todas las fuentes de riqueza o producción, existe inversión extranjera, hay independencia de poderes públicos, los gobiernos han protegido la libertad de prensa y de expresión y se ha presentado cierta estabilidad en las instituciones políticas, aunque con discutibles logros. Pero no por ello deja de existir una temible relación entre crimen y corrupción en Colombia, que a su vez puede estar afectando de forma directa o indirecta la calidad de los gobiernos, y por ende, la calidad del desarrollo económico del país. La corrupción en Colombia no es la de gobiernos autócratas. Es la de un sistema clientelista muy sofisticado que tiene injerencia en la apropiación de las rentas del estado, debida a la complacencia de los mismos políticos, elegidos en el gobierno y en el congreso, cuando no regulan adecuadamente el monto total de las regalías destinadas a ciertas regiones o a ciertos proyectos de explotación de recursos o de prestación de servicios públicos. Es por esto que la corrupción en Colombia ha sido tan difícil de acabar. Porque de forma conjunta con su accionar regional, se han presentado condiciones positivas de disminución de riesgo a nivel nacional, pero no por ello deja de ser un problema causado por la maquinaria electoral y por los mismos gobiernos.
No se puede reformar a los políticos como sujetos individuales, porque surgirán otros iguales, mientras los incentivos existan. Y estos incentivos se encuentran en la disposición de recursos públicos no controlados, de rentas del estado centralizadas en ciertas actividades y/o en ciertas regiones. Es cierto que el proceder del gobierno en seguridad ha propiciado algunas condiciones de inversión extranjera y de seguridad jurídica, pero a su vez, a propiciado la informalidad en la disponibilidad de estos recursos del estado. Como quien dice, unas cosas por otras, con el fin de mantener el control político. La ingeniería electoral sigue siendo el gran factor causante de estas condiciones de corrupción, sean unas, o sean otras. Es por esto, que una reforma política a corto plazo centrada en los incentivos económicos, junto con una reforma política a largo plazo centrada en el control cultural e institucional al gasto público, serían las mejores opciones, pero son opciones que ni el congreso ni el gobierno tienen en cuenta.

Comentarios

Hola JF:

Hace rato no me paseaba por acá. Me alegra que vuelvas a publicar tu columna. Respecto al tema, estoy de acuerdo contigo y con Alejandro en la parte de los incentivos. Sin embargo, me parece que los dos le dan demasiada poca trascendencia a los demás fenómenos (no sólo el rentista) que le pudieron haber dado forma al paramilitarismo.

Saludos

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