COLUMNA CAMPANA ABRIL
Intolerantes a la Incertidumbre
Los intolerantes a la incertidumbre son todos aquellos que antes de buscar explicaciones buscan justificaciones a sus propias creencias. Son aquellos que se consideran poseedores de la verdad y del destino de este país, aunque la realidad sólo los muestra como un grupo socio-cultural distinto a otros, con intereses sociales y económicos en conflicto con los de otros y con una incapacidad de encontrar verdaderos puentes de comunicación y de participación de todo el país en la política, porque están tan enredados en la vorágine del clientelismo que poco o nada es lo que realmente pueden ver hacia afuera, y por esto sólo pueden verse a sí mismos como los redentores o los salvadores de Colombia.
Es así como los dos principales actores políticos de estos días se han mostrado como los principales intolerantes a la incertidumbre que genera la historia de la violencia, de la ilegalidad y de la injusticia en Colombia. Estos dos protagonistas son el Senador Gustavo Petro y el Presidente Alvaro Uribe. Si bien el Senador del Polo Democrático ha generado un debate importante y necesario, es evidente que su principal objetivo es “la cabeza del presidente Uribe”. A mi juicio, está sobrestimando el papel que realmente desempeña el Presidente, quien pareciera ser más una persona víctima de sus propias obsesiones que le cortan cualquier capacidad de visión a largo plazo del país que alguien con una agenda interna realmente clara podría tener. Gustavo Petro nos presentó varios hechos que parecen ser ciertos, pero falló en la capacidad de interpretarlos porque su obsesión está en destronar a alguien que realmente no tiene ningún trono. El Presidente es un gobernante sitiado, igual que Pastrana o Samper, sólo que el manejo mediático que ha desplegado en los medios nos lo presentan como alguien con más capacidad de cambio de la que realmente pueda llegar a demostrar. Decir que el Presidente es el otro intolerante a la incertidumbre no es nada nuevo. Lo demostró de una manera preocupante en las descalificaciones injuriosas que hizo de Gustavo Petro y de “cualquiera” que no lo acepte como un agente político legítimo. Pero lo más preocupante de todo es que el Presidente se ha convertido en la materialización pública de muchos prejuicios y de muchos temores causados por esta incertidumbre que nos genera nuestro a veces trágico país, en lugar de ser realmente el primero en guiarnos hacia el logro de nuevas visiones y explicaciones completamente necesarias para romper el círculo vicioso de nuestros males. Para dejar de sentir esta rabia y esta indignación que terminan por convertirnos en lo que tanto odiamos.
Es así como todos, no sólo estos dos contradictores, padecemos de este mal, que se ha convertido en una epidemia que se transmite en toda la sociedad, y aun peor, a través de nuestras propias culturas. Nada raro que nos hayamos convertido en una sociedad rabiosa para la cual los “buenos políticos” son los que más gritan. Una sociedad que por no confiar en sus instituciones ni en la capacidad de convivir entre extraños ha delegado a las familias una confianza mutua excluyente, fenómeno que explica los nuevos debates sobre responsabilidades entre parentescos. Este fracaso de nuestro Estado explica por qué a pesar de que el Presidente habla de meritocracia, sólo lo vemos defendiendo y beneficiando a personas cercanas a él y a sus prejuicios, e igualmente, a una oposición que pierde el horizonte y peca por ligera en sus actitudes frente a la impotencia que genera la debilidad del Estado colombiano, el cual deja a la población a merced del más astuto, pero no en manos de los mejores gobernantes que podríamos tener.
Los intolerantes a la incertidumbre son todos aquellos que antes de buscar explicaciones buscan justificaciones a sus propias creencias. Son aquellos que se consideran poseedores de la verdad y del destino de este país, aunque la realidad sólo los muestra como un grupo socio-cultural distinto a otros, con intereses sociales y económicos en conflicto con los de otros y con una incapacidad de encontrar verdaderos puentes de comunicación y de participación de todo el país en la política, porque están tan enredados en la vorágine del clientelismo que poco o nada es lo que realmente pueden ver hacia afuera, y por esto sólo pueden verse a sí mismos como los redentores o los salvadores de Colombia.
Es así como los dos principales actores políticos de estos días se han mostrado como los principales intolerantes a la incertidumbre que genera la historia de la violencia, de la ilegalidad y de la injusticia en Colombia. Estos dos protagonistas son el Senador Gustavo Petro y el Presidente Alvaro Uribe. Si bien el Senador del Polo Democrático ha generado un debate importante y necesario, es evidente que su principal objetivo es “la cabeza del presidente Uribe”. A mi juicio, está sobrestimando el papel que realmente desempeña el Presidente, quien pareciera ser más una persona víctima de sus propias obsesiones que le cortan cualquier capacidad de visión a largo plazo del país que alguien con una agenda interna realmente clara podría tener. Gustavo Petro nos presentó varios hechos que parecen ser ciertos, pero falló en la capacidad de interpretarlos porque su obsesión está en destronar a alguien que realmente no tiene ningún trono. El Presidente es un gobernante sitiado, igual que Pastrana o Samper, sólo que el manejo mediático que ha desplegado en los medios nos lo presentan como alguien con más capacidad de cambio de la que realmente pueda llegar a demostrar. Decir que el Presidente es el otro intolerante a la incertidumbre no es nada nuevo. Lo demostró de una manera preocupante en las descalificaciones injuriosas que hizo de Gustavo Petro y de “cualquiera” que no lo acepte como un agente político legítimo. Pero lo más preocupante de todo es que el Presidente se ha convertido en la materialización pública de muchos prejuicios y de muchos temores causados por esta incertidumbre que nos genera nuestro a veces trágico país, en lugar de ser realmente el primero en guiarnos hacia el logro de nuevas visiones y explicaciones completamente necesarias para romper el círculo vicioso de nuestros males. Para dejar de sentir esta rabia y esta indignación que terminan por convertirnos en lo que tanto odiamos.
Es así como todos, no sólo estos dos contradictores, padecemos de este mal, que se ha convertido en una epidemia que se transmite en toda la sociedad, y aun peor, a través de nuestras propias culturas. Nada raro que nos hayamos convertido en una sociedad rabiosa para la cual los “buenos políticos” son los que más gritan. Una sociedad que por no confiar en sus instituciones ni en la capacidad de convivir entre extraños ha delegado a las familias una confianza mutua excluyente, fenómeno que explica los nuevos debates sobre responsabilidades entre parentescos. Este fracaso de nuestro Estado explica por qué a pesar de que el Presidente habla de meritocracia, sólo lo vemos defendiendo y beneficiando a personas cercanas a él y a sus prejuicios, e igualmente, a una oposición que pierde el horizonte y peca por ligera en sus actitudes frente a la impotencia que genera la debilidad del Estado colombiano, el cual deja a la población a merced del más astuto, pero no en manos de los mejores gobernantes que podríamos tener.
Comentarios
¿Honestamente ud piensa que Uribe es un gobernante "asediado"? Uribe no sólo cuenta con un respaldo mediático desvergonzado - en el medio que la gente más ve, la televisión- que le da un margen de respaldo que a veces rosa lo ínversomil (si mal no recuerdo el último sondeo fue con un 80% de apoyo al presidente), sino que controla el congreso. Y no sólo controla el congreso a través de una multitud de pequeños partidos políticos, sino que ha acentuado el poder del ejecutivo sobre este. Eso en mi oponión suena bastante peligroso. Ahora, si son ciertas las acusaciones de Petro en contra de Uribe, eso significaría que este último recibió un apoyo de Paramilitares para llegar al poder, y que en el pasado colaboró con estos...no se a ud, pero a mi me parece que eso es una razón bastante buena para estar muy enojado
Entiendo que existan razones para sentir enojo hacia las actitudes un tanto permisivas de Uribe ante el paramilitarismo, y que existn a su vez dudas sobre su papel dentro de la conformación de estos grupos en Antioquia. Sin embargo, afirmo que Uribe puede ser visto, no como el hombre perverso detrás de los hilos del poder,si no simplemente como un político clientelista de profesión que para obtener el lugar que deseaba terminó aceptando las condiciones de quienes lo apoyaron, y en ese sentido uno puede verlo más como un "títere" que cmo un "titiritero". Porque el poder puede estar mas bien es en manos de los "señores de la guerra" de las regiones, quienes siempre se han servido de las ambiciones y delirios de los políticos de turno que hay en bogotá.
Yo no creo que el Presidente Uribe sea un gobernante sitiado como Samper o Pastrana: Precisamente, en estas vacaciones tuve la oportunidad de charlar con tios que viven en Huila, que son una especie de clase media rural entre los tenedores de tierra: Poseen algunas fincas de mediana envergadura y se dedican a sembrar café de manera honrada. Me fuí a hacer política con ellos por el glorioso Partido Conservador (verdaderos conservadores) y me dí de cuenta de lo que ha avanzado el país en materia de gobernabilidad: Pasé por "centros poblados" a 20 minutos de pueblos relativamente grandes (o medianos, digamos de unos 40.000 habs)que eran dominados por las FARC de verdad. Se sentaban al lado de los arboles, en la carretera, etc.. Eso ha cambiado en realidad por la determinación política de Uribe para derrotar a las FARC, que ya están lejos, al menos en las selvas del Caquetá. Ahora el gobierno, aunque cojeando, llega y hace presencia sin necesidad de custodiar el pueblo de una manera extraordinaria.
Además, hoy precisamente, en Portafolio salió una nota referente a un doc del BM referente a la gobernabilidad, donde se destaca el avance entre 2k2 y 2k5, aunque llama la atención sobre el ligero avance en 2k6.
De otro lado, si es triste ver a los políticos en esa manera. Igual, son así por naturaleza. Pero, ¿de qué nos quejamos si siempre han sido así, y aún así los seguimos eligiendo?. La gente vota por los mismos y continúa criticando el status quo que han ayudado a perpetuar.
Mientras los votantes no cambien de mentalidad, todos los años seguiremos viendo esto.